miércoles, 7 de mayo de 2008

Peninsula de Coromandel y Hobbiton

El fin de semana pasado realizamos el último viaje que tenemos planeado en la Isla Norte. Alquilamos un monovolumen y nos dirigimos a la península de Coromandel. Aparte de los cuatro habituales, se nos unieron un batallón de coreanas: Eun Ji, Hye Young y Arah. Y también una turco-alemana, Hadiya. Tras darnos cuenta, nos preguntamos porque todas nuestras acompañantes a los viajes son chicas. Vosotros pensareis que es por las tetas. Pero no creo. Posiblemente sea por sus culos. ¡Yuju! Ya he conseguido poner en mi blog “tetas y culos”. Y encima he bordeado la sensibilidad de la audiencia femenina ganándome la palmada en la espalda del sector masculino. Ya estoy satisfecho. Continúo. Como decía, habíamos alquilado un monovolumen. Ésto lo hicimos el Miércoles. Y es que este viaje ha sido el más planeado de todos, con diferencia. Unas amigas argentinas nos recomendaron los sitios donde teníamos que ir y lo teníamos todo bien calculado. Reservamos el albergue con antelación (para que no tuviéramos que volver a dormir en el coche) y nos dirigimos a Coromandel con todo el planning milimetrado. Hay quien dice que mola más improvisar y que las cosas salen mejor así. Pero por experiencia de viajes anteriores, nos hubieran salido mejor con un poco de previsión. La primera parada del viaje fue en una mina de oro en Thames. Thames en su momento fue el lugar más poblado de Nueva Zelanda, gracias a la fiebre del oro en el siglo XIX. Aunque el recorrido dentro de la mina fue muy corto, tiene gracia eso de ponerse el casco, coger la linterna y caminar con la cabeza agachada por los túneles de la mina. Se nos olvidó cantar el “Soy minero” igual que a Dios se le olvidó repartir belleza cuando nacisteis. Tras la visita a la mina, nos dividimos: Fructuoso Martínez & Co se dirigieron a Coromandel Forest Park. Omar y yo nos dirigimos a Matamata. Que aparte de que todos los foráneos hagan el chiste con el nombre (todavía recuerdo aquello de “Luis Enrique, como el del Barça” “No, como tu puta madre”) tiene una atracción frikística, quicir, turística, llamada Hobbiton. La verdad es que no soy muy friki que digamos de El Señor de los Anillos, pero pensé en la envidia que os iba a dar a todos los frikis que leéis mi blog y me dije: Tengo que ir. El lugar donde se graba la comarca en las pelis es la granja de Alexander. El Alexander éste debe ser un terrateniente de la ostia, porque vaya parceluca que tiene el jodío. Cientos de laderas onduladas que parecían hechas por ordenador, con incontables ovejas pastando sobre ellas. Y allí están las casas de los hobbits incrustadas en la ladera. Todo muy cuco, muy idílico y muy bonito. Alli también aprovechamos para hacernos unas fotucas con unos orcos no muy creíbles. Eran dos cuarentonas que nos invitaron a Omar y a mi a ir a montar a caballo por la playa esa noche. Si no fuera porque no estoy acostumbrado, diría que intentaban ligar con nosotros. Me acorde de Labra, porque estaban intentando ligar con nosotros dos orcos de Mordor (pero de Mordor profundo, como dice él) Tuvimos que declinar la oferta, ya que a nosotros nos tiran más los animales. Asi que fuimos a dar nuestro biberón a las ovejas. Tras alimentar a los familiares de Mouton, vimos como un muchacho esquiló a una de ellas. Y dijo que en Nueva Zelanda había de dos tipos de ovejas. Unas de ellas eran la merinas, que las llevaron los españoles de cuando éramos un imperio (no como ahora que ni pasamos de cuartos) Tras esta agradable experiencia ovina, toco ir a descansar al albergue. Y es que el Domingo había muchas cosas que hacer.

El día siguiente se levantó con lluvia (uno no puede querer paisajes verdes y pretender que no te llueva de improviso) Por la mañana temprano fuimos bordeando la costa por una carretera muy bonita desde Thames hasta Coromandel Town. La carretera tiene cientos de curvas y prácticamente no dejas de ver el mar en ningún momento. En Coromandel Town cogimos un trenecito que te adentra en Coromandel Forest Park. Aunque parece que estás en el Amazonas, menuda selva. Tras disfrutar como niños, la siguiente parada era Cathedral Cove, una playa cojonuda. Pero dado que estaba lloviendo, a lo más que pudimos llegar es a bajarnos del coche y hacer un par de fotos rápidas antes de calarnos. Tras hacer las fotucas bajo la lluvia, al coche le dio por no arrancar. Y es que puedes planearlo todo perfectamente pero también puede caerte el diluvio universal y quedarte sin batería de repente. Tras preguntar si un automático se puede arrancar empujando (al parecer, no) Omar y Alberto se fueron a buscar ayuda mientras yo me quedaba con las chicas defendiéndolas de posibles violadores (vamos, que no me había llevado el chubasquero) Por suerte, no tardaron mucho en llegar con unos californianos que nos ayudaron a arrancar el coche. Lo malo es que ya no lo podíamos apagar para no correr el riesgo de quedarnos tirados otra vez. Asi que completamos el planning a duras penas yendo a Hot Water Beach, que como los más perspicaces habrán podido intuir, es una playa de agua caliente. Al parecer, tiene actividad geotermica y si haces un hoyo en la arena te encuentras con agua calentita calentita. Pero no pudimos hacer hoyo ni nada, ya que estaba Noe dando vueltas alrededor. Tras preguntarle que tal la familia, le tiramos un par de piedras y le dejamos agitando el brazo mientras salíamos corriendo. Tras éste incidente y tras quedarnos con las ganas de disfrutar de Cathedral Cove y Hot Water Beach, nos volvimos para Auckland. Y si, aquí también hay retenciones de entrada a la gran ciudad los Domingos por la tarde. Asi que nos tuvimos que comer un atasco enorme mientras escuchábamos por vigésima segunda vez el único CD que teníamos para el viaje. “Pastillas de freno, a toda pastilla, salpicaderos...” Ya se podrían haber puesto los Estopa una bateria en condiciones...

P.d: He publicado fotucas en Bocabajo. Son relacionadas con cerveza y de este último viaje. Comienzan a partir de la foto 393 llamada Guinness. Al final hay tres videucos.

lunes, 28 de abril de 2008

Empieza la segunda vuelta

Dentro de 4 horas sale mi avión. En 30 minutos salgo por la puerta para coger el autobús que me llevará al aeropuerto. De allí a Londres, pasando por Hong Kong. Una vez en Madrid, y tras saludar convenientemente a mi familia, intentaré ir quedando con todos vosotros para tomarnos unas añoradas cañas de Mahou con su tapa correspondiente. Y hablar. Y seguir hablando. Hay muchas cosas que contar. El Viernes, seguramente quedemos a las 10 en Tribunal para pasarnos por el Lozano a aprovechar su oferta en minis de kalimotxo. Y el Sábado, botijo en Caramuel y final de noche en el chino Jose, tomando bravas y caaaaaañitas a las 7 de la mañana. El Domingo, seguramente vaya a jugar al rol como casi todos los domingos. O a lo mejor no, porque hay partido del Estu y se juega el descenso. El Lunes de la semana que viene, empezaré a pensar que hago con mi vida. Modificaré el curriculum incluyendo mi experiencia anglosajona y me pondré a buscar en Infojobs algún curro con el que empezaré la rutina del resto de mi vida. Y así, hasta los 65. O más, que para entonces, seguro que hay que jubilarse más tarde para acabar de pagar la hipoteca. Ya tengo las maletas hechas. Echo la vista atrás y reflexiono si he aprovechado lo suficiente la experiencia. Quizá podría haber aprendido más inglés o haberme esforzado más en buscar un trabajo. O simplemente podría haber intentado disfrutar un poco más. Pero ya no hay vuelta. Solo se aprecia el tiempo perdido cuando éste ya ha pasado. Tengo una sensación agridulce. Por un lado, tengo ilusión por volver a Madrid. Por todos los que estáis por alli y porqué no, porque también se echa de menos tu ciudad. Con sus cosas malas y sus cosas buenas, pero es tu ciudad. Esa es la parte dulce. La parte agria es que también me da pena dejar éste país. Despedirme de Pan y de toda la gente que he conocido aquí. Porque si bien cuando me despedí de vosotros era un “hasta luego”, con la gente que dejo aquí seguramente es un “good bye”. Y también me da pena por Auckland. Ya empezaba a conocer la ciudad y estoy seguro que la seguiré recordando mucho tiempo. Pero no se puede tener todo. La experiencia ha terminado… O no. Espera. Ahora que recuerdo. El otro día… el Lunes. No, el Martes. El Martes. Cuando estaba, cuando fui al callejón, que te acuerdas que te dije que tenía que recoger una cosa, pero que al final me di el paseo en balde. Bueno, pues además de ir para nada, la mala suerte de que además… Cambie el billete para el 4 de Agosto. Resulta que me dieron una paliza unos ipod nanos y que Nueva Zelanda y yo nos damos una segunda oportunidad. Terminado el primer trimestre, comienzo el segundo con algunas asignaturas suspensas. Pero prometo que me voy a esforzar. De hecho, me he vuelto a apuntar a LSI, ante la no confianza de encontrar trabajo de informático y tras la reticencias a trabajar ilegalmente por 3,75€ la hora. Asi que aquí seguimos. Empezando la segunda vuelta y con más ganas que nunca. Nueva Zelanda, allá voy… Digo... ¡Aquí estoy!

viernes, 25 de abril de 2008

Un día en el rugby

Aunque ya ha pasado cierto tiempo desde que asistí con los chavales a un partido de rugby, no podía dejar de comentar dicho evento. Ir a un partido de rugby es un nuevo paso para comprender las costumbres oriundas. Y es que el rugby es, claramente, el deporte nacional. La selección de Nueva Zelanda presume de ser la mejor del mundo, ya que la mezcla de blanquitos británicos con la fuerza y velocidad de los maoríes, les sale perfecta. La selección nacional es llamada "All Blacks", que nada tiene que ver con el grupo "All The Black" ni con que sean negros. Esta selección es posible que la hayáis visto por la tele realizando su archiconocida "Haka" (una danza de guerra maorí que realizan antes del partido) o habréis oído hablar de un portento de este deporte, ya retirado, como el neozelandés Jonah Lomu

Dado que los "All Blacks" no juegan en Auckland hasta dentro de un tiempo, nos tuvimos que conformar con ir a ver al equipo de la ciudad: Los Blues de Auckland. El partido era correspondiente a la Super 14, una liga donde están los mejores equipos de Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Vamos, que tienen nivel. Los Blues perdieron el partido contra los Brumbies de Brisbane por 11-16. Pero es que a nuestro equipo le faltaba su mejor jugador, Rokocoko. Pero no es excusa para esos tuercebotas. Al final del partido no pude reprimirme en sacar el pañuelo de los mocos y gritar el "¡Fuera Van Gaal! ¡Nuñez dimisión!" con todas mis fuerzas. Y es que con lo que les pagan, es una vergüenza lo poco que se esfuerzan. En la mina los querría ver yo.

El espectáculo lo tienen bastante bien montado. Primero hay un concierto dentro del estadio, después pasa la mascota del equipo montado en un barco pirata que echa fuego, más tarde aparece un helicóptero del temible ejercito neozelandés para aterrizar en el campo con el balón del partido (no tienen otra cosa que hacer) Y todo esto, aderezado con un montón de rubiacas en paños menores agitando sus pompones. Todo eso está muy bien, pero lo mejor de todo es que no se la cogen con pinzas como en España y te dejan beber dentro del campo. Eso si, las botellas de cerveza son de plástico para que no se las tires al árbitro a la cabeza. ¿El partido? Bien. Aunque parezca mentira, durante mi estancia aquí he intentado aprender las reglas y costumbres del rugby. Es un deporte que es muy bonito de ver y además hay violencia controlada. Dicen que el fútbol es un juego de caballeros jugado por villanos y el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros. Y es verdad, porque aquí ni se fingen lesiones, ni se tiran a la piscina, ni se tira el balón fuera porque uno se ha hecho pupa y ni siquiera se protesta al árbitro. Quiero repetir.

P.d: Hay nuevas fotucas publicadas en Bocabajo. A partir de la foto 369, llamada "Afganas"

lunes, 21 de abril de 2008

Un poco de todo

Raro, no digo diferente digo raro, ya no se si el mundo esta al revés o soy yo el que está cabeza abajo. Y es que aquí son habituales las situaciones raras. Un tío acaba de llamar a la puerta para pedirnos un cigarro. Si, como el que va a pedir sal al vecino. Pero lo mejor de todo es que no lo quería para fumar. Lo quería para cicatrizarse una herida de mierda que tenía en la mano. Ya podíamos tener Betadine, algodón y tiritas, pero no, el tío quería un cigarro.

La verdad es que estos últimos días han estado curiosos. He asistido a cuatro fiestas en cinco días. El miércoles, en la típica reunión en el apartamento de unos de Fiji. El Viernes en la despedida de un francés llamado Joseph, que se realizo en la zona común del apartahotel de una colombiana que conocemos llamada Bibi. El Sábado fue el cumpleaños de un saudí llamado Mohamed (aunque traduce el nombre para que le llamen Michael) Lo celebró en su apartamento de lujo comprando bebercio para todos. Como se nota que los saudies están montados en el dólar (bueno, ahora mejor decir en el euro) Hubo cava catalán y también hubo que tirar la puerta del baño abajo. Una fiesta no es una fiesta sin derribo de puertas. Y para cerrar la semana de la fiesta, ayer estuvimos celebrando el cumpleaños de Felipe, un chileno. Fue con una barbacoa en su casa. Bueno, en la casa de la familia con la que vive. Por cierto, la hija, que era negra y oriunda, parecía sacada de Estados Unidos. Ya sabéis, las que hacen el característico movimiento de cabeza acompañado por la mano. El Miércoles, Felipe, el cumpleañero del Domingo, me hizo una pregunta que pensé que nunca me iban a realizar en Nueva Zelanda. Y es que me preguntó que qué pasó al final con De Juana Chaos. Todo esto después de descojonarse durante dos minutos antes de realizarme la pregunta. Iba un poco fumado el chaval. Y en esa misma fiesta, conocimos a una argentina que nos pidió poder dormir en nuestra casa esa noche, ya que no tenía donde dormir. Era amiga de dos argentinas que conocimos en el autobús. ¿Cómo las conocimos? Pues porque Omar estaba contando como enseñaba “la concha de tu madre” en árabe a Pan. Un español enseñando a una tailandesa un insulto argentino en árabe. Y todo esto, en Nueva Zelanda. Y las muchachas se interesaron en nuestra conversación. Los insultos siempre sirven para conocer gente. Por eso, yo me paso el día llamando “hijo de puta” a todo el mundo. Por cierto, “hijo de puta” ya le sale perfecto a nuestra compi tailandesa. Y es que solo le enseñamos palabras bonitas a la muchacha. Hablando de muchacha. A Pan le gustó mi tono de sms de “Muchachada Nui. Nuiiiii!” Y se lo ha puesto en el móvil. Lo cual es una putada, porque no hace más que recibir mensajes (tiene cientos de pretendientes) y a veces creo que pueden ser para mi (los mensajes, no los pretendientes). Hasta que me paro a pensar y digo: Seguro que es para ella. Y si, así suele ser. Ah, al final la argentina que conocimos en la fiesta (Anita) se vino a pasar el fin de semana a nuestra casa. Si es que somos una ONG.

jueves, 10 de abril de 2008

El tráfico en Auckland (y otras cosas)

Buenos días amiguitos y amiguitas, hoy os hablaré sobre el tráfico en Auckland.
Lo primero que hay que decir, es que aquí la preferencia para los coches es total. Para desplazarte andando, normalmente te tendrás que comer unos cuantos semáforos. Lo que hace que cuando llevas aquí un tiempo, hagas como los lugareños, y acabes saltándotelos. Con el riesgo que conlleva. Y es que aquí los coches conducen muy “agresivo”. Y por supuesto, todo el mundo usa el coche para desplazarse. De hecho, cuando vivíamos en el albergue, un par de veces nos preguntaron si todo iba bien cuando andábamos por la calle. Vale que los neozelandeses son la ostia de amables, pero yo creo que se sorprendían de ver gente andando con bolsas de la compra. También es cierto que la distribución de Auckland
hace mucho. Creo es la cuarta ciudad en extensión del mundo, con "sólo" 1.200.000 habitantes. Y es que aquí todo el mundo vive “en las afueras” con su chalecito y usan el coche para todo. El uso indiscriminado del coche también viene provocado por un sistema de transportes bastante complicado y deficiente. El tren o metro o como cojones lo quieran llamar, solo lo cogimos un día y es realmente lento. Y no es muy eficiente para su forma de urbanizar (le pillará cerca sólo a los 50 chalets de al lado de la estación y poco más) Y los autobuses, pues si pierdes uno, quizá te toque esperar 30 minutos al siguiente. Y si es un Domingo o es por la noche, lo mejor es que te suicides o robes un coche. Menos mal que vivimos en el centro. Por cierto, aquí si son muy de picar en el bus (no como en muchos sitios de Europa que te cuelas fácil) Y al bajarse, la mayoría de la gente le dice “Adiós” o “Gracias” al busero. ¡Incluso si están saliendo por la puerta de atrás! Gente rara, aunque ya he probado a hacerlo. Y es que ya me siento un poco aucklander. Sin ir más lejos, el otro día indique a un lugareño que me preguntó por la calle. ¡Jodio, qué es tu ciudad! No sé que pasa, pero creo que tengo cara de saber donde están las cosas, porque en Madrid me preguntan bastante también. ¿De qué estaba hablando? Ah si, del tráfico y esas cosas. Sobre los semáforos, pues decir que en todos tienes que pulsar antes el botón para poder cruzar. Ya os dije que era una ciudad hostil al peatón. Y puede durar en verde apenas 2 segundos. Luego se convierte en rojo parpadeante (sí, aquí parpadea el rojo y no el verde) y puedes seguir pasando si te das prisa. Cuando está en rojo no intermitente tienes que esperar. Y cuando la luz está apagada es porque tienes que pulsar el botoncito. Por cierto, me encantan los soniquetes que producen los semáforos.
Para demostraros el apasionante mundo de los semáforos en Auckland, os pongo un videuco que hice a los chavales uno de los primeros días. En él se ve una de las cosas más curiosas de aquí, que es: ¡El cruce en diagonal! La verdad es que es divertido cruzar en diagonal en el cruce de dos calles concurridas. Porque tienes que estar muy atento a no chocarte con los de la derecha, con los de la izquierda, con los de frente y con los de tu lado. La gente se entrelaza de una manera que nadie se choca y cada uno puede llegar a su destino.

Ah… ¡Y conducen por la izquierda!