jueves, 7 de febrero de 2008

Waitangi Day

Ayer fue el Waitangi Day. Es la fiesta nacional de Nueva Zelanda, que conmemora cuando los maoríes (los indigenas de aquí) llegaron a un acuerdo de convivencia con los britanicos. Vamos, que ayer no tuvimos clase. Asi que decidimos ir a Mission Bay, donde hay una de las playas de Auckland. Habíamos quedado allí con Giordano, Khaled y con una tailandesa llamada pan ó boom o algo así. El caso es que perdimos los buses que nos llevaban (al ser fiesta, el siguiente era a las dos horas) y como somos de Bilbao pues dijimos: “Aibalaostia, vamos andando pues” Solo fueron tres horas de nada. Y es que Auckland es grande de cojones. El largo trayecto nos sirvió para atravesar una reserva que hay dentro de la ciudad (parecía que habías entrado en la selva y seguías estando en Auckland) y para ver a un montón de maoríes reunidos celebrando su fiesta. Los maories están todos la hostia de fuertes. Casi tanto como Bonache.

En Mission Bay nos esperaban los chavales con un montón de chinorris de todo tipo. Luego fuimos un poco a la playa, donde yo bebí L&P (la bebida neozelandesa, que sabe a Casera con limón) mientras la muchachada bebía alguna que otra cerveza. No preguntéis porque no bebí birra. Asi que así pasamos el Waitangi Day. Un poco de andar, un poco de playa y sobre todo, un poco de quemarnos. Estamos los tres rojos. Omar un poco menos por motivos evidentes (es un hijo de puta) Alberto dice que es por el paso brusco para la piel del invierno al verano. También suponemos que tendrá algo que ver que por aquí el agujero de la capa de ozono es más grande. Pero tranquilos, hemos comprado Aftersun, aunque aquí en vez de llamarlo Aftersun lo llaman Aftersun. Gente rara.

Por cierto, hoy la koreana me ha vuelto a decir que me quiere. “Hola ¿Cómo estás? Te quiero” A veces pienso que la debería haber enseñado a decir “Me golpearon con una pala en la cara” Y es que los koreanos son así como aplanaos, y tienen muchas curiosidades. Al parecer le dan mucha importancia a la edad y si alguien es mayor que tú (aunque sea un año) le tienes que saludar de forma diferente. Y su edad empieza a contar cuando su madre se queda embarazada (no me preguntéis como saben el día exacto) Lo dicho, gente rara.

martes, 5 de febrero de 2008

...Y la koreana me dijo "Te quiero"

Ayer empezamos el curso en el LSI Tenemos contratado un mes de curso intensivo. El horario es de 9 de la mañana a 4 de la tarde, con una hora para comerte un sándwich u dos (a las 12:45 y con clase después a ver quien se pone a comer en serio) Estos hijos de puta te hacen adaptarse a su horario sí o sí. El sitio está bien porque aparte de aprender inglés, conoces gente. En mi clase hay un árabe, una alemana, varios koreanos, varios japoneses, una brasileña, un colombiano, un turco y gente de diferentes nacionalidades que o no conozco o no recuerdo. Está bien que no haya de habla hispana porque te obliga a estar 100% en inglés. Por cierto, a los orientales no hay quien les entienda. Vaya forma de hablar más extraña. Pero bueno, ya digo que lo interesante es conocer gente lo menos fea posible. Ayer estuvimos comiendo con dos italianos y hoy con una colombiana. Después de clase hemos ido a tomar birra con el árabe (no bebe birra pero vodka y ron sí y no es coña) y con un italiano. El italiano no tiene ni papa de inglés pero es un crack. Giordano se merece una entrada aparte, que si no decepciona, la tendrá más adelante. El LSI éste está bien porque organizan bastantes actividades, no sólo culturales, sino en plan ir a tomar margaritas o jugar un partido de fumbol. ¿Las clases? ¿A quién le importan? Ah, ¿Qué habéis aguantado leyendo hasta aquí solo por el tirón del título? Pues la chica no sólo se ha declarado una vez, sino varias veces. Lo malo es que junto a ella lo hacía un árabe llamado Khaled. El caso es que los chinorris se interesan mucho por España. La koreana quería saber algunas palabras en español y parecía no estar muy convencida de si lo decía bien porque lo repetía una y otra vez. Y ahí tenía yo a una koreana y a un árabe declarándome su amor.

P.d: He colgado unas cuantas fotucas y videucos en el espacio web (En el link que hay a la derecha llamado "Bocabajo")

domingo, 3 de febrero de 2008

Primeros días, primeras impresiones

A lo tonto, a lo tonto, ya llevamos tres días aquí. Los hemos gastado en instalarnos y en patearnos un poco la ciudad. Digo patearnos porque hemos andado un huevaco. El albergue está situado en una zona residencial. Para llegar a una zona comercial tenemos que andar unos 15-20 minutos. Pero vamos, esto aquí funciona así. Por un lado casas y por otro comercios. ¿Os acordáis del Simcity? La ciudad es muy muy extensa. Son millón y pico, pero todos viven en chalecitos y claro, es lo que tiene. Y por ende, también son muy de usar el coche. Parecemos los únicos pringaos que usamos las piernas para desplazarnos. Ésta forma de ciudad tampoco es que me agrade mucho, pero por otro lado Auckland tiene un puñado de cosas positivas. Parecemos decididos a solo estar dos semanas en este albergue y cambiarnos a un sitio más céntrico, donde la ciudad es ”más urbana” (que es lo que me pone), aunque no le faltan parques.

El albergue tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las ventajas podemos encontrar que la cocina es amplia y los baños están limpios. Entre las desventajas, pues su emplazamiento y que en la cocina hemos tenido que comprar platos, vasos, cubiertos, cacerola, sartén, etc. Y aparte sólo tienen una nevera hiperpetada que huele mal. La puerta de mi habitación tenía una ventana translucida que daba al pasillo, lo cual me parecía un poco fructuoso ya que no me podía tocar agusto. Pero mangue una alfombra que parecía no tener dueño y la hemos colocado con cinta aislante en la ventanuca. Ha quedado muy bonita. Ya he colocado el collage en un corcho que hay. Lo había plastificado en Madrid y lo he colocado de tal forma que las chinchetas sujetan el collage pero no lo “pinchan” El Okalimotxo lo tengo debajo del portátil, hasta conocer gente con quien usarlo. En el albergue hay gente variopinta, que no son muy de saludar, salvo unas alemanas que hacen un “Jelooou” muy musical y un tío muy raro pero que parece buena gente.

Los neozelandeses en general son extrañamente abiertos. El dependiente de la tienda te da palique, la gente te pregunta si todo va bien sin conocerte de nada y te desea un buen día. Son raros y majos, repito. Con los que más hemos hablado es con una colombiana y un cubano. El idioma es lo que tiene, aunque venir aquí para relacionarte con latinos ya tiene cojones la cosa. La colombiana trabaja en una cafetería en la que nos tomamos un café y curiosamente estuvo en la misma academia en la que nosotros comenzamos mañana (aunque no iba nunca, nos dijo) Que vino aquí un poco como nosotros y que consiguió curro ahí de camarera. Al cubano nos lo encontramos en una calle que nos dijo que por la noche era de gayers y prespitutas (tenemos buen ojo). Nos contó que con él había 16 cubanos y que había unos 150 españoles. Nos indicó el bar en el que trabajaba y que si le necesitábamos para algo ahí estaba. Muy majete, aunque a saber luego si nos ayuda si lo necesitamos.

En general, la impresión de la ciudad y la gente de aquí es buena. Auckland es muy moderna, multicultural (muchos orientales) y agradable. Y los neozelandeses son abiertos y amables. Aunque ya digo, que esto es una primera impresión. Me quedo para corroborarlo.

El viaje

A las 5:45 de la mañana del día 30 de Enero nos plantamos en la Terminal 1 de Barajas para coger nuestro amado EasyJet en dirección Londres. Esta vez no cancelaron el vuelo, aunque nos clavaron sobrepeso. A mi solo 1 Kg. No estaba seguro de que en NZ vendían pesas y no podía arriesgarme a perder mis músculos. Cogimos un bus de únicamente 19 libras para ir de Gatwick a Heathrow, y facturamos tranquilamente. Todo salió más rápido de lo esperado. Tras los bocatas de rigor, nos dirigimos a coger nuestro Boeing 747 con destino a Auckland (vía L.A.) Menudo avionaco. Tenías una pantalla para ti sólo con unas montón de películas, series, juegos (tremendo el Mini-golf) y documentales absurdos sobre Auckland que te quitaban las ganas de ir para allá. Por lo menos la que lo presentaba tenía los pechos gordos. La única putadilla del avión fue que a Omar le sentaron separado, pero como es capaz de dormir de pié, espero que no le fuera para tanto. Alberto, con su gran capacidad para relacionarse con guiris (veáse Erasmus) le dio palique a la maja que tenía al lado. No hubo sexo. Asi que cubrimos el déficit a base de comida. Los hijos de puta querían cebarnos, pero la verdad es que te entretenías. Por supuesto, como buen boiseador, me fije si la gente pagaba algo a las azafatas antes de aceptar la primera comida. Al descubrir que había barra libre, pues alguna Coca-Cola Light que otra cayó. Solo tres birras. No estaba borracho, pero aun así agredí a un sobrecargo (Porque Asturiaaaaaaaaaaas es mi patriaaaaaaa)

En esta parte del viaje (la que nos llevó a L.A.) nos pasó una cosa bastante absurda. Y es que nos anocheció el día 30 y luego nos lo desanocheció. Es porque el avión fue por muy al Norte (Alberto me explicó que va por ahí porque es más rápido porque la tierra blablabla y yo le dije aaaah que interesante) y al bajar pues ahí todavía duraba el día 30. Una rayada. Otra cosa que nos entretuvo es rellenar el formulario ese de “¿vas a matar al presidente?” Aunque creo que es una leyenda urbana, porque esa pregunta no estaba. Pero los yankis no decepcionaron porque nos preguntaron si éramos genocidas nazis. Que más quisiéramos. Genocidas, a secas.

Por fin llegamos a L.A., donde debíamos estar dos horas en lo que cambiaban la tripulación y recargaban combustible y esas cosas. ¿Qué decir de EEUU? Pues es un país donde haces una cola, enseñas el pasaporte y un formulario. Luego te mandan a otra cola. Un policia te toma las huellas dactilares sin comerlo ni beberlo y te hace una fotuca para ponérsela en la cartera. Luego te da palique acerca de los tópicos de tu país (Barcelona muy bonita, ¿Madrid mejor? Pero no tenéis a Gaudi. Pero tenemos el Museo del Prado. ¿El qué? Da igual. Bullfighting por la tele. A mi no me gusta el bullfighting. Pues a mucha gente si en España. El tío estaba convencido de conocer el spanish state mejor que yo, asi que opte por bailar unas sevillanas y tirar pa lante) Después te mandan a una sala y adiós EEUU.

La segunda parte del viaje me la pase principalmente durmiendo y comiendo. Durmiendo porque a lo tonto ya se habían hecho las 5 de la mañana hora española y en los dos últimos días había dormido en total 8 horas. Para deciros que el despegue me lo pase sobando y sin enterarme. Y comiendo porque no podías decir que no a pesar de no tener hambre. Por cierto, se me ha olvidado comentar los estupendos desayunos a las 7 de la tarde hora de L.A., 1 de la madrugada hora de Madrid y 1 de la tarde hora de Auckland. Debe ser que los del avión eran chinos y querían llevar su horario o algo así. Pero el caso era cebarte. Tras 12 o 13 horillas de ná, por fin llegamos a Auckland. Hay varios controles antes de entrar, pero los aduaneros son majetes y no nos ponen mayor problema. Entregar su formulario lógico (y no absurdo como el yanki), enseñar billete de vuelta, pasaporte y responder algunas preguntas sobre a que vienes, a qué te dedicas y si introduces un papagayo. Al final no nos hacen demostrar que tenemos solvencia para entrar al país. Paso un momento de bastante mosqueo cuando han salido todas las maletas y falta la mía. También faltaba otro bolso de Alberto, pero en mi caso era lo único que había traído. Se mascaba la tragedia, no quedaba gente en la cinta y no paraban de repetirse maletas durante varios minutos. Pero salieron y no hubo drama.

Nada más salir del aeropuerto ya se notaba el ambiente a costa. Y en general, las sensaciones eran diferentes. Y es que estábamos al otro lado. Cogimos un buseto para ir a la ciudad y ya empezamos a sentir el estilo New Zealand. El busero era raro y majo a la vez. Usea, por lo que llevo visto aquí, como todo el mundo. Del bus nos bajamos donde más-menos pensábamos que nos venía mejor y después tuvimos que coger un tren (por el número de estaciones en ciudad parecía que iba a ser un metro, pero es un tren, y bastante lento) en la modernísima estación de Britomart. Tras bajarnos en Remuera Station, andamos con las maletas a cuestas a través del chaletar y llegamos a nuestro albergue. Los viejunos que lo regentan hablan rápido y no paran de reírse y hacer bromas. Pero son buena gente. Raros y majos, ya os dije.

sábado, 2 de febrero de 2008

Ja sóc aquí

De hecho sóc aquí, desde hace un poco más de 24 horas, pero hasta ahora no he tenido tiempo para escribir. Para que me tengáis localizado, deciros que escribo desde aquí, desde la sala del internete de Rocklands.
El viaje hasta aquí fue bien, menos duro de lo que pensaba, pero le dedicaré un capitulo aparte en posteriores boletines, ya que se lo merece.
El jet-lag creo que está superado. Ayer hicimos horarios de comida normales y me acosté a las 10. Mi cuerpo desde el Miércoles debe pensar que me he vuelto gilipollas, pero por ahora no protesta. Ayer a las 6 me dijo que no se movía, pero le amenacé con dejarle sin cerveza y se acojonó (por cierto, he probado ya 3 cervezas neozelandesas diferentes)
En general, esto de venirse a las antípodas es una mariconada. El viaje se te pasa entretenido y el jet-lag, si estás acostumbrado a hacer chino Jose y el Lunes madrugar, no tiene más historia. El caso es que Nueva Zelanda tiene buena pinta. He de decir que son raros, pero anda que no sois raros vosotros, hijos de puta. Y otra cosa, unas pocas horas aquí me han valido para confirmar que son todos feísimos. Pero buena gente.
Os dejo que tenemos que ir a buscar comida, que por muy majo que sea el chino Mr.Chips y por muy bueno que estén los Kebabs gigantes, hay que alimentarse más sano y barato e ir a encontrar un supermercado (hasta ahora ni rastro).
Os mantendré informados, que hay un huevo (y parte del otro) de cosas que me faltan por contar.

P.d: Muchas gracias por todos los sms deseándome buen viaje (alguno recibido en Londres, alguno recibido en Auckland) y por todos los comentarios.